Manuelita, Manuelita
Manuelita de maíz,
Manuelita, Manuelita
Manuelita codorniz.
Cuando duermas en la noche
o si decides ir a dormir,
no me olvides Manuelita
que yo me acuerdo de tí.
Manuelita, Manuelita
Manuelita de maíz,
Manuelita, Manuelita
Manuelita codorniz.
Al despertarte Manuelita
llámame que allí estaré,
y recuerda Manuelita
que yo no te olvidaré.
Manuelita, Manuelita
Manuelita de maíz,
Manuelita, Manuelita
Manuelita codorniz.
sábado, 19 de junio de 2010
martes, 1 de junio de 2010
Después de la decisión
Carnú, voló al mirador del mundo, y vio el hambre calcinando los huesos.
Vio las esperanzas hechas trizas, vio la vida en desgracia hasta el límite. Vio morir los sueños de sus niños y llorar las esperanzas de sus viejos.
Después de creer tanto, después de luchar hasta el límite, después de apostar su fe al diablo, después de todo, al comienzo de todo, se estrelló contra sus pares… que aún muertos… que aún sin volar… que aún sin alas… que aún sin sueños… ciegos de sangre, absortos de promesas asumen como suyo el escudo de su destajador.
En su rostro ya no se ve Carnú, queda el miedo a los rostros ajenos y las sombras, la impotencia de los derrotados, la angustia desde la punta de los dedos hasta la fibra más pequeña del alma. Y en el camino, un letrero que da la bienvenida a la miseria desde lejos… la felicidad es sólo un jardín en los cuentos de Calvino.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
Vio las esperanzas hechas trizas, vio la vida en desgracia hasta el límite. Vio morir los sueños de sus niños y llorar las esperanzas de sus viejos.
Después de creer tanto, después de luchar hasta el límite, después de apostar su fe al diablo, después de todo, al comienzo de todo, se estrelló contra sus pares… que aún muertos… que aún sin volar… que aún sin alas… que aún sin sueños… ciegos de sangre, absortos de promesas asumen como suyo el escudo de su destajador.
En su rostro ya no se ve Carnú, queda el miedo a los rostros ajenos y las sombras, la impotencia de los derrotados, la angustia desde la punta de los dedos hasta la fibra más pequeña del alma. Y en el camino, un letrero que da la bienvenida a la miseria desde lejos… la felicidad es sólo un jardín en los cuentos de Calvino.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
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