sábado, 19 de junio de 2010
Canción de cuna para Manuela
Manuelita de maíz,
Manuelita, Manuelita
Manuelita codorniz.
Cuando duermas en la noche
o si decides ir a dormir,
no me olvides Manuelita
que yo me acuerdo de tí.
Manuelita, Manuelita
Manuelita de maíz,
Manuelita, Manuelita
Manuelita codorniz.
Al despertarte Manuelita
llámame que allí estaré,
y recuerda Manuelita
que yo no te olvidaré.
Manuelita, Manuelita
Manuelita de maíz,
Manuelita, Manuelita
Manuelita codorniz.
martes, 1 de junio de 2010
Después de la decisión
Vio las esperanzas hechas trizas, vio la vida en desgracia hasta el límite. Vio morir los sueños de sus niños y llorar las esperanzas de sus viejos.
Después de creer tanto, después de luchar hasta el límite, después de apostar su fe al diablo, después de todo, al comienzo de todo, se estrelló contra sus pares… que aún muertos… que aún sin volar… que aún sin alas… que aún sin sueños… ciegos de sangre, absortos de promesas asumen como suyo el escudo de su destajador.
En su rostro ya no se ve Carnú, queda el miedo a los rostros ajenos y las sombras, la impotencia de los derrotados, la angustia desde la punta de los dedos hasta la fibra más pequeña del alma. Y en el camino, un letrero que da la bienvenida a la miseria desde lejos… la felicidad es sólo un jardín en los cuentos de Calvino.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
domingo, 24 de enero de 2010
Hola Princesa
Hola princesa
Te amo
como el último suspiro
como la primera taza de café del día… como la última.
Te amo como a un pájaro de vuelo infinito lo aman en su nido.
Te amo
Con mayúsculas con minúsculas.
Te amo con la rabia de los que pierden a quien aman
te amo con la tristeza de los que son olvidados
te amo con el valor de los que luchan con la fe puesta en el cielo.
Y por si no es suficiente.
Te amo con la necesidad de amar,
con el deseo de perder la piel en el intento
con la fuerza puesta en mi espada
y mi espada puesta en tu escudo.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya.
Buen Viaje
Que la risa contamine cuanto aire respires,
que se te atoren en el pecho cuantas alegrías sean vivibles.
Que en el entorno de tus pasos
retumben tus recuerdos
y tiemblen los caminos
presintiendo tu regreso.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya.
Ciudad Prisionera
Ciudad que no me conoces,
tienes el silencio de mis ojos,
la paciencia de mi boca
la cercanía de mi distancia...
El tesoro de mi infancia es ajeno a tu mirada,
a tu rapto de memoria,
a tu espada desbocada...
A tu brío.
Que en vano esculca mi secreto...
la llama de mis amigos en silencio.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya.
Despedida
La tinta del vaso estaba seca,
las hojas seguían vacías,
no había poemas
ni citas de libros,
ni cuentos,
ni sentimientos encontrados.
Nada,
que diera rastro alguno de humanidad.
Sólo el papel,
limpio,
sin arrugas de maltrato,
orgulloso de pureza;
mas melancólico por su frialdad.
Sobre esa carta sin título,
estaba todo lo que necesitaba saber,
el odio tan denso
que no encontraba palabras de desahogo,
ni alusión a lo que a mi ser correspondía.
La tristeza
tan triste
calló las letras que se escondieron en el clamor.
Toda esa muerte en vida,
estaba ahí,
diciendo que huiría
del calabozo en que se encontraba presa.
Pero también había alegría,
una tan grande
que no encontraba palabras
para decir,
cuan feliz estaba
tras haber huido de mí.
Y al haber escuchado su queja,
arrugué su voz...
como tantas veces,
cuando la carta estaba llena.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya.
Mis Arapos
Mi camisa
esta algo vieja,
tiene el cuello gastado,
las mangas mordidas,
una mancha de hace noches,
además del humor de un siglo a cuestas.
Mi pantalón
canta de lo roto,
lo desteñido,
lo usado,
y sus bolsillos
no saben más que robarme
los caramelos que le doy a guardar.
Mis zapatos
cansados están ya de caminar,
de tragar piedras,
de no conocer mis sabanas.
De no tener descanso.
Mi yo,
está algo harto.
No de la camisa ni el pantalón,
tampoco de los zapatos,
menos del corazón que parece un hígado.
Mi yo,
está harto de sus ojos,
pues no ven más que mi camisa vieja,
mi roto pantalón
y mis zapatos cansados.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
La Cama Vecina
“A la mujer de siempre”
Esta noche,
me quemará el sudor de tu ausencia en la almohada;
pero no creas que esta cama
es un socavón vacío.
Es una mansión de caña
colgando de la cima del cielo.
Si duermo sobre mi brazo izquierdo,
veré un muro en obra negra,
una ventana
sin vidrio de cristal.
Mas al dormir sobre mi brazo derecho,
vislumbraré una isla de Zué y Chía,
la tierra de una diosa
y un perro blanco que retoza en su vera.
Esta vista
me roba el ensueño
la respiración
y cualquier noción de tiempo,
cuando en la robusta noche,
y en la ligera mañana,
esa mujer deificada
vuela a mi mansión de caña,
con la clara intención
que este morador
juegue con sus cabellos,
hunda sus dedos
entre la suave y abundante hierba
retire el arenal
de su cuello y espalda,
labre sobre sus montañas ya sembradas,
a las que el tiempo
exige labrado nuevo.
Después de morir un poco
beber sus aguas dulces,
también las saladas,
este ermitaño
vuelve a morir.
Ella regresa a su isla,
se llena de arena,
y desde este cielo,
observo la tierra de “mitos”...
ese mundo que huele
y promete con voz de mujer.
La misma
que rompe el tiempo por primera vez,
vence al amor
y vuelve a amar otra vez.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya.
Mi Mortandad
“A Diana;
que es mi mejor regalo”.
Te regalaría en este día,
o en cualquier otro,
uno más especial,
todo lo que los verdaderos amantes saben brindar:
el sol
la luna
los astros con sus estrellas
pedacitos de cielo...
el universo.
Mas no puedo,
me hez imposible dártelos.
no son míos
ni de los amantes;
ni de los niños
ni de si mismos.
Por ende,
te doy la única cosa
que dios hizo mía,
la cual solamente yo puedo entregar.
Ten,
tómala
toda tuya es mi mortandad.
No la devuelvas,
recíbela tal como es:
sin papel regalo
sin aditivos
ni diminutivos.
Hazla de caña
vuélvela de papel,
conviértela en pan
o en miel.
Métela en las sombras
en la luz.
Como quieras,
sólo hazla para tu bien.
No laceres su esencia,
ni la llenes de odio
menos aún con nidos de duda.
aléjala de los cielos tristes
no la hagas para tu mal.
Recuerda
que a mí
me haz dado algo
que sólo tú puedes brindar.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
Carta a mi bebé
Pequeño hijo mío
algún día tendrás que partir,
aunque ninguno lo quiera
sucederá.
Entonces
rómpeme los ojos en pedazos;
mas no los arregles
déjamelos así rotitos.
Encontrarás a la mujer que amas
y si haz aprendido bien
necesitarás donde guardar tanto amor;
así que róbame el corazón con gran sigilo;
pero déjame sentirlo a tu ladito.
Y el día
que quieras volver a ser un niño
apriétame entre sueños con tus brazos,
yo he de besarlos
y ponerlos calientitos.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
DIANA
Diana,
pulpa del fruto prohibido,
néctar bendecido por Dios,
mirada perpetua,
belleza inconmensurable,
camino plagado por luciérnagas,
cabellos bañados por mares infestados de delfines,
los que saludan a la aurora declinada ante tí.
Tus labios de dulce cicuta
catan mi lengua,
rozan mis dientes,
segan mis ojos,
empiezan
terminan
entumecen mis músculos.
Diana,
si te vas ahora
no te detendré,
lloraré,
seguiré respirando
mis venas estarán intactas,
me dolerá el pecho,
me temblarán las piernas,
te dejaré partir.
Lo siento.
Aún no se que hacer en momentos decisivos.
Tal vez por eso
callo que Diana no es veneno para mí,
que la muerte no existe.
Contigo,
es un cambio de estación.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
Recuerdos
Han de ser mis amargos pasos,
o el olor a polvo
que reside en ésta prenda comida por polillas.
O quizá el pocillo.
No lo se;
empero mi mente
hurgando en sus bolsillos
ha sacado veinte pesos en recuerdos,
los cuales,
por cada rasgada imagen
se trastornan en plusvalías.
Me atormentan
con pasado,
palabras,
días,
lágrimas,
conmigo,
y mil cosas más...
demenciales,
prohibidas,
dichas,
también con eternas mujeres de vino
lastimadas por su curtida piel.
Prenden mi conciencia
encienden mis brazos,
rasgan mi sexo
y el de aquellas que me unieron al suyo.
Las mentiras,
que valen sólo dos pesos
se vanaglorian de su astucia,
con la que conseguían engañar
a todo el que confiaba en mí.
Mi pobre antigua moneda,
ahora
está cobrando intereses de mis actos.
Y sin importar que tenga nueva cuenta,
esos veinte pesos que me guiaron,
estarán conmigo...
tanto como mi memoria.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya.
Mi alimento
La noche se alimenta del sueño
la sed de sangre
y yo de Eloím.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya.
Té y Café
De ayer
fueron las tardes
en que esperábamos el atardecer,
aguardábamos la noche
y luego amanecíamos
con el alba alma del amanecer.
Te recuerdo tomando café
y yo a tu lado
bebiendo un poco de té;
por eso las tardes,
las noches
y el amanecer
olían a tí y a mí.
A té y café...
Hoy,
desde la noche en que escapaste hacia la tierra,
veo las tardes esperando el atardecer,
sirvo una taza de té
a mi lado
dejo esperando
otra caliente llena de café;
para olerte y recordarte...
luego amanezco
con el alba alma del amanecer...
Ya suponiendo,
que hoy,
mañana,
o siempre
en tu seno me quieras tener,
oler,
recordar,
o querer,
tómate el café caliente,
y a tu lado,
deja esperándome
una taza de té.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
Retrato
Tu rostro en la pared
cansa mis ojos,
los llena de mar
y rojo magma.
Tu rostro en la pared
no hace más que mirarme,
con la cabeza inclinada,
los ojos serenos,
la boca cerrada.
Preguntándome:
¿porqué esto?
¿Porqué lo otro?
¿Porqué?.
Tu rostro en la pared
no da respuestas,
sólo hace preguntas que afirman
lo que mis huesos quieren ocultar.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya.
Dulces Sueños
Dulces sueños mundo de perniciosos,
de hombres
que matan sus niños por temor
mujeres
que los abandonan a su suerte.
Dulces sueños infantes,
frágiles porcelanas,
de toda culpa culpables.
Dulces sueños golondrina,
tu día es para volar,
y tu noche
para dormir bajo el humor
de quien pueda pagar.
Dulces sueños hombre honrado,
incomprendido,
sin enemigos,
sin amigos.
Dulces sueños guerreros del mundo,
ojalá que no tengan sueños que mitiguen su pasión.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
Mi niñez
Bendita sea la pobreza,
La que me enseñó a jugar trompo en la plazoleta de un parque libre.
Loada sea la tragedia ,
de la que aprendía a bañarme en tierra
y me permitió atrapar cucarrones voladores a las seis.
Que linda fue la infancia
permisiva
caprichosa
que no obedecía castigos
que evadía la tarea.
Llenas de gloria
las tardes de almuerzo
en las que el fútbol era el único alimento.
Bendita época,
que yace intacta en mis recuerdos,
que se burla de mi horario
y reclama su tiempo.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
Distopía de dos amores solos
Entre tanto frío que hace,
hay gotas de lluvia que le dan forma a la pequeña tempestad.
Yo, camino descalzo sobre las lozas manchadas de la cocina húmeda.
A su vez
en otra casa, otra persona con otro sexo,
rompe la armonía de las notas lluviales.
Acurrucada y con lagrimales de dolor,
toca su cuerpo,
examina su mente,
repasa su conciencia,
busca su alma,
y en cada rincón aparece la misma sombra agresiva que ataca con eterna parsimonia.
-El pasado ya murió-
se levanta y lo vuelve a pensar.
-Los muertos duelen mucho-.
Deja caer su espalda contra un muro.
-Dolerían menos si quisiera perdonarlos-.
Yo,
arranco las hojas de ese cuaderno viejo y pretendo escuchar.
Ella,
camina hacia la ventana,
yo,
hago lo mismo.
Piensa que la lluvia es triste;
yo creo que está furiosa.
Ella,
saca una hoja con membrete y pretende hablar.
-El pasado murió-.
Toco el vidrio.
-Los muertos no me importan-.
Desboso una sonrisa .
-Ya están perdonados-.
-Quiere volar-.
Hice una pajarita de papel.
-Quiere volar-.
Hizo un avión de papel.
Ella,
olvida el rincón y ocupa la cama.
Yo,
seco la cocina y limpio las manchas.
Al final...
escampa.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
Mi enfermedad
Apenas nace el día...
el mundo
ya le da la espalda a mi cáncer.
Siento una piedra en mi cabeza
en un diástole
la sangre se tranca.
La resaca
no es más que sangre en mis venas,
rocío colgando
ardiente
y basto por mi frente,
saliva seca
y ojos...
¿Qué más da?...
A mitad de la noche
me iré
con los sueños
de una luna a medio hacer,
me abrazarás,
te abrazaré,
y juntos,
lloraremos a carcajadas
el sueño que el día nos hace padecer.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
Por mí... contigo
En medio de esta euforia,
estoy volando con mis alas,
corriendo con mis piernas
hablando con mi voz,
observando desde mis ojos
cantando hasta mi sed.
Cuando soy presa del dolor,
me desplomo sobre mis rodillas,
lloro con mis lágrimas
me seco con mis mangas,
y aún así,
me endereza mi espalda.
Y en mi continuo seguir,
clamo en mi oración
lucho con mi vida,
descanso con mi fuerza,
pienso con mi mente
amo con este corazón
construyo con mis manos
escarbo con mis uñas...
Como vez,
todos mis pasos
son producto de mi alimento,
pero aún así
te quiero cerca
para cenar junto a ti.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
Sofisma
El polvo obnubila mi vista,
no me deja ver como matan a los de cuadros
ni la forma en que laceran sus cuerpos ...
pero lo se.
Los cantos y risas arremeten mis oídos,
no me dejan oír los gritos agónicos que desgarran las gargantas del sendero...
eso también lo se.
El cálido abrigo que calienta mi cuerpo
no me deja sentir el frío quemando la piel de los huesos.
La ingenuidad me convence,
y me oculta quienes extinguen nuestras mieles,
no los conozco;
pero transmutan a su antojo el panal...
eso lo se.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
Hoy
Hoy
es un día de cielo nublado,
niños sin risa,
pájaros mudos
un sol apagado.
Hoy
es un día de suelo húmedo,
hombres con odio,
mujeres sin alma,
un día lleno de miedo,
tan cobarde
tan cobarde
que no mostró su alba.
Hoy
hay un amante olvidado,
esperando que el tiempo
(enemigo sin cuerpo)
traiga el regalo acordado.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya