domingo, 24 de enero de 2010

La Cama Vecina

“A la mujer de siempre”

Esta noche,

me quemará el sudor de tu ausencia en la almohada;

pero no creas que esta cama

es un socavón vacío.

Es una mansión de caña

colgando de la cima del cielo.

Si duermo sobre mi brazo izquierdo,

veré un muro en obra negra,

una ventana

sin vidrio de cristal.

Mas al dormir sobre mi brazo derecho,

vislumbraré una isla de Zué y Chía,

la tierra de una diosa

y un perro blanco que retoza en su vera.

Esta vista

me roba el ensueño

la respiración

y cualquier noción de tiempo,

cuando en la robusta noche,

y en la ligera mañana,

esa mujer deificada

vuela a mi mansión de caña,

con la clara intención

que este morador

juegue con sus cabellos,

hunda sus dedos

entre la suave y abundante hierba

retire el arenal

de su cuello y espalda,

labre sobre sus montañas ya sembradas,

a las que el tiempo

exige labrado nuevo.

Después de morir un poco

beber sus aguas dulces,

también las saladas,

este ermitaño

vuelve a morir.

Ella regresa a su isla,

se llena de arena,

y desde este cielo,

observo la tierra de “mitos”...

ese mundo que huele

y promete con voz de mujer.

La misma

que rompe el tiempo por primera vez,

vence al amor

y vuelve a amar otra vez.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya.

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