“A mis padres, César y Patricia por cuidarme
y a la señora Yaneth , por cuidar de Diana”.
Hay un pasillo de llanto,
con bellos niños cansados,
cielo parco sin sol,
suelo pálido sin pastos;
donde el dolor
se proclama dueño y señor.
El embaldosado erial
se ve tomado por la noche.
Entre la inconsciente
y llorona angustia
se encuentran luchando contra nadie:
los guardianes de la fuerza
los degolladores del sueño,
quienes tapan el pecho del pequeño,
se sientan a su lado
auque se encuentren lejos,
así,
son el ángel
de sus malos
y buenos sueños.
Después,
cuando el aire le vuelva a soplar
tranquilo de risa
y amplio de vida,
no le volverá a pasar nada
pues sus huestes en unidad
serán tigre
y cuando toque
serán carnada.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
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