De ayer
fueron las tardes
en que esperábamos el atardecer,
aguardábamos la noche
y luego amanecíamos
con el alba alma del amanecer.
Te recuerdo tomando café
y yo a tu lado
bebiendo un poco de té;
por eso las tardes,
las noches
y el amanecer
olían a tí y a mí.
A té y café...
Hoy,
desde la noche en que escapaste hacia la tierra,
veo las tardes esperando el atardecer,
sirvo una taza de té
a mi lado
dejo esperando
otra caliente llena de café;
para olerte y recordarte...
luego amanezco
con el alba alma del amanecer...
Ya suponiendo,
que hoy,
mañana,
o siempre
en tu seno me quieras tener,
oler,
recordar,
o querer,
tómate el café caliente,
y a tu lado,
deja esperándome
una taza de té.
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