Cuando la calma
se rompe sin razón,
sin grietas precesoras,
se siente el vacío
de no tener a nadie,
la debilidad
de sólo tener dos oídos atentos...
los propios.
Cual si fuera un precepto
quienes han estado
se encuentran bastante inmersos en si mismos,
u otras cosas,
y aunque no lo quieras
te tienes que escuchar,
haz de enfrentar solo
a ese monstruo obeso,
aún así,
temes buscar a dios.
te apoyas en ti mismo...
Y tu fuerza
¿dónde quedó?
¿qué se hizo el héroe?
Se acurrucó en su conmiseración,
tuvo miedo de ser noche
y nunca más durmió,
tristeza de ser día,
y no volvió a brillar,
prudencia de ser llovizna;
mas no aguantó
y naufragó en su diluvio personal.
Jonathan Andrés Sandoval Amaya
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