domingo, 24 de enero de 2010

En agonía

Cuando la calma

se rompe sin razón,

sin grietas precesoras,

se siente el vacío

de no tener a nadie,

la debilidad

de sólo tener dos oídos atentos...

los propios.

Cual si fuera un precepto

quienes han estado

se encuentran bastante inmersos en si mismos,

u otras cosas,

y aunque no lo quieras

te tienes que escuchar,

haz de enfrentar solo

a ese monstruo obeso,

aún así,

temes buscar a dios.

te apoyas en ti mismo...

Y tu fuerza

¿dónde quedó?

¿qué se hizo el héroe?

Se acurrucó en su conmiseración,

tuvo miedo de ser noche

y nunca más durmió,

tristeza de ser día,

y no volvió a brillar,

prudencia de ser llovizna;

mas no aguantó

y naufragó en su diluvio personal.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

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