domingo, 24 de enero de 2010

Hola Princesa

Hola princesa

Te amo

como el último suspiro

como la primera taza de café del día… como la última.

Te amo como a un pájaro de vuelo infinito lo aman en su nido.

Te amo

Con mayúsculas con minúsculas.

Te amo con la rabia de los que pierden a quien aman

te amo con la tristeza de los que son olvidados

te amo con el valor de los que luchan con la fe puesta en el cielo.

Y por si no es suficiente.

Te amo con la necesidad de amar,

con el deseo de perder la piel en el intento

con la fuerza puesta en mi espada

y mi espada puesta en tu escudo.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya.

Buen Viaje

Que la risa contamine cuanto aire respires,

que se te atoren en el pecho cuantas alegrías sean vivibles.

Que en el entorno de tus pasos

retumben tus recuerdos

y tiemblen los caminos

presintiendo tu regreso.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya.

Ciudad Prisionera

Ciudad que no me conoces,

tienes el silencio de mis ojos,

la paciencia de mi boca

la cercanía de mi distancia...

El tesoro de mi infancia es ajeno a tu mirada,

a tu rapto de memoria,

a tu espada desbocada...

A tu brío.

Que en vano esculca mi secreto...

la llama de mis amigos en silencio.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya.

Despedida

La tinta del vaso estaba seca,

las hojas seguían vacías,

no había poemas

ni citas de libros,

ni cuentos,

ni sentimientos encontrados.

Nada,

que diera rastro alguno de humanidad.

Sólo el papel,

limpio,

sin arrugas de maltrato,

orgulloso de pureza;

mas melancólico por su frialdad.

Sobre esa carta sin título,

estaba todo lo que necesitaba saber,

el odio tan denso

que no encontraba palabras de desahogo,

ni alusión a lo que a mi ser correspondía.

La tristeza

tan triste

calló las letras que se escondieron en el clamor.

Toda esa muerte en vida,

estaba ahí,

diciendo que huiría

del calabozo en que se encontraba presa.

Pero también había alegría,

una tan grande

que no encontraba palabras

para decir,

cuan feliz estaba

tras haber huido de mí.

Y al haber escuchado su queja,

arrugué su voz...

como tantas veces,

cuando la carta estaba llena.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya.

Mis Arapos

Mi camisa

esta algo vieja,

tiene el cuello gastado,

las mangas mordidas,

una mancha de hace noches,

además del humor de un siglo a cuestas.

Mi pantalón

canta de lo roto,

lo desteñido,

lo usado,

y sus bolsillos

no saben más que robarme

los caramelos que le doy a guardar.

Mis zapatos

cansados están ya de caminar,

de tragar piedras,

de no conocer mis sabanas.

De no tener descanso.

Mi yo,

está algo harto.

No de la camisa ni el pantalón,

tampoco de los zapatos,

menos del corazón que parece un hígado.

Mi yo,

está harto de sus ojos,

pues no ven más que mi camisa vieja,

mi roto pantalón

y mis zapatos cansados.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

La Cama Vecina

“A la mujer de siempre”

Esta noche,

me quemará el sudor de tu ausencia en la almohada;

pero no creas que esta cama

es un socavón vacío.

Es una mansión de caña

colgando de la cima del cielo.

Si duermo sobre mi brazo izquierdo,

veré un muro en obra negra,

una ventana

sin vidrio de cristal.

Mas al dormir sobre mi brazo derecho,

vislumbraré una isla de Zué y Chía,

la tierra de una diosa

y un perro blanco que retoza en su vera.

Esta vista

me roba el ensueño

la respiración

y cualquier noción de tiempo,

cuando en la robusta noche,

y en la ligera mañana,

esa mujer deificada

vuela a mi mansión de caña,

con la clara intención

que este morador

juegue con sus cabellos,

hunda sus dedos

entre la suave y abundante hierba

retire el arenal

de su cuello y espalda,

labre sobre sus montañas ya sembradas,

a las que el tiempo

exige labrado nuevo.

Después de morir un poco

beber sus aguas dulces,

también las saladas,

este ermitaño

vuelve a morir.

Ella regresa a su isla,

se llena de arena,

y desde este cielo,

observo la tierra de “mitos”...

ese mundo que huele

y promete con voz de mujer.

La misma

que rompe el tiempo por primera vez,

vence al amor

y vuelve a amar otra vez.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya.

Mi Mortandad

“A Diana;

que es mi mejor regalo”.

Te regalaría en este día,

o en cualquier otro,

uno más especial,

todo lo que los verdaderos amantes saben brindar:

el sol

la luna

los astros con sus estrellas

pedacitos de cielo...

el universo.

Mas no puedo,

me hez imposible dártelos.

no son míos

ni de los amantes;

ni de los niños

ni de si mismos.

Por ende,

te doy la única cosa

que dios hizo mía,

la cual solamente yo puedo entregar.

Ten,

tómala

toda tuya es mi mortandad.

No la devuelvas,

recíbela tal como es:

sin papel regalo

sin aditivos

ni diminutivos.

Hazla de caña

vuélvela de papel,

conviértela en pan

o en miel.

Métela en las sombras

en la luz.

Como quieras,

sólo hazla para tu bien.

No laceres su esencia,

ni la llenes de odio

menos aún con nidos de duda.

aléjala de los cielos tristes

no la hagas para tu mal.

Recuerda

que a mí

me haz dado algo

que sólo tú puedes brindar.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

Carta a mi bebé

Pequeño hijo mío

algún día tendrás que partir,

aunque ninguno lo quiera

sucederá.

Entonces

rómpeme los ojos en pedazos;

mas no los arregles

déjamelos así rotitos.

Encontrarás a la mujer que amas

y si haz aprendido bien

necesitarás donde guardar tanto amor;

así que róbame el corazón con gran sigilo;

pero déjame sentirlo a tu ladito.

Y el día

que quieras volver a ser un niño

apriétame entre sueños con tus brazos,

yo he de besarlos

y ponerlos calientitos.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

DIANA

Diana,

pulpa del fruto prohibido,

néctar bendecido por Dios,

mirada perpetua,

belleza inconmensurable,

camino plagado por luciérnagas,

cabellos bañados por mares infestados de delfines,

los que saludan a la aurora declinada ante tí.

Tus labios de dulce cicuta

catan mi lengua,

rozan mis dientes,

segan mis ojos,

empiezan

terminan

entumecen mis músculos.

Diana,

si te vas ahora

no te detendré,

lloraré,

seguiré respirando

mis venas estarán intactas,

me dolerá el pecho,

me temblarán las piernas,

te dejaré partir.

Lo siento.

Aún no se que hacer en momentos decisivos.

Tal vez por eso

callo que Diana no es veneno para mí,

que la muerte no existe.

Contigo,

es un cambio de estación.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

Recuerdos

Han de ser mis amargos pasos,

o el olor a polvo

que reside en ésta prenda comida por polillas.

O quizá el pocillo.

No lo se;

empero mi mente

hurgando en sus bolsillos

ha sacado veinte pesos en recuerdos,

los cuales,

por cada rasgada imagen

se trastornan en plusvalías.

Me atormentan

con pasado,

palabras,

días,

lágrimas,

conmigo,

y mil cosas más...

demenciales,

prohibidas,

dichas,

también con eternas mujeres de vino

lastimadas por su curtida piel.

Prenden mi conciencia

encienden mis brazos,

rasgan mi sexo

y el de aquellas que me unieron al suyo.

Las mentiras,

que valen sólo dos pesos

se vanaglorian de su astucia,

con la que conseguían engañar

a todo el que confiaba en mí.

Mi pobre antigua moneda,

ahora

está cobrando intereses de mis actos.

Y sin importar que tenga nueva cuenta,

esos veinte pesos que me guiaron,

estarán conmigo...

tanto como mi memoria.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya.

Mi alimento

La noche se alimenta del sueño

la sed de sangre

y yo de Eloím.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya.

Té y Café

De ayer

fueron las tardes

en que esperábamos el atardecer,

aguardábamos la noche

y luego amanecíamos

con el alba alma del amanecer.

Te recuerdo tomando café

y yo a tu lado

bebiendo un poco de té;

por eso las tardes,

las noches

y el amanecer

olían a tí y a mí.

A té y café...

Hoy,

desde la noche en que escapaste hacia la tierra,

veo las tardes esperando el atardecer,

sirvo una taza de té

a mi lado

dejo esperando

otra caliente llena de café;

para olerte y recordarte...

luego amanezco

con el alba alma del amanecer...

Ya suponiendo,

que hoy,

mañana,

o siempre

en tu seno me quieras tener,

oler,

recordar,

o querer,

tómate el café caliente,

y a tu lado,

deja esperándome

una taza de té.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

Retrato

Tu rostro en la pared

cansa mis ojos,

los llena de mar

y rojo magma.

Tu rostro en la pared

no hace más que mirarme,

con la cabeza inclinada,

los ojos serenos,

la boca cerrada.

Preguntándome:

¿porqué esto?

¿Porqué lo otro?

¿Porqué?.

Tu rostro en la pared

no da respuestas,

sólo hace preguntas que afirman

lo que mis huesos quieren ocultar.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya.

Dulces Sueños

Dulces sueños mundo de perniciosos,

de hombres

que matan sus niños por temor

mujeres

que los abandonan a su suerte.

Dulces sueños infantes,

frágiles porcelanas,

de toda culpa culpables.

Dulces sueños golondrina,

tu día es para volar,

y tu noche

para dormir bajo el humor

de quien pueda pagar.

Dulces sueños hombre honrado,

incomprendido,

sin enemigos,

sin amigos.

Dulces sueños guerreros del mundo,

ojalá que no tengan sueños que mitiguen su pasión.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

Mi niñez

Bendita sea la pobreza,

La que me enseñó a jugar trompo en la plazoleta de un parque libre.

Loada sea la tragedia ,

de la que aprendía a bañarme en tierra

y me permitió atrapar cucarrones voladores a las seis.

Que linda fue la infancia

permisiva

caprichosa

que no obedecía castigos

que evadía la tarea.

Llenas de gloria

las tardes de almuerzo

en las que el fútbol era el único alimento.

Bendita época,

que yace intacta en mis recuerdos,

que se burla de mi horario

y reclama su tiempo.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

Distopía de dos amores solos

Entre tanto frío que hace,

hay gotas de lluvia que le dan forma a la pequeña tempestad.

Yo, camino descalzo sobre las lozas manchadas de la cocina húmeda.

A su vez

en otra casa, otra persona con otro sexo,

rompe la armonía de las notas lluviales.

Acurrucada y con lagrimales de dolor,

toca su cuerpo,

examina su mente,

repasa su conciencia,

busca su alma,

y en cada rincón aparece la misma sombra agresiva que ataca con eterna parsimonia.

-El pasado ya murió-

se levanta y lo vuelve a pensar.

-Los muertos duelen mucho-.

Deja caer su espalda contra un muro.

-Dolerían menos si quisiera perdonarlos-.

Yo,

arranco las hojas de ese cuaderno viejo y pretendo escuchar.

Ella,

camina hacia la ventana,

yo,

hago lo mismo.

Piensa que la lluvia es triste;

yo creo que está furiosa.

Ella,

saca una hoja con membrete y pretende hablar.

-El pasado murió-.

Toco el vidrio.

-Los muertos no me importan-.

Desboso una sonrisa .

-Ya están perdonados-.

-Quiere volar-.

Hice una pajarita de papel.

-Quiere volar-.

Hizo un avión de papel.

Ella,

olvida el rincón y ocupa la cama.

Yo,

seco la cocina y limpio las manchas.

Al final...

escampa.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

Mi enfermedad

Apenas nace el día...

el mundo

ya le da la espalda a mi cáncer.

Siento una piedra en mi cabeza

en un diástole

la sangre se tranca.

La resaca

no es más que sangre en mis venas,

rocío colgando

ardiente

y basto por mi frente,

saliva seca

y ojos...

¿Qué más da?...

A mitad de la noche

me iré

con los sueños

de una luna a medio hacer,

me abrazarás,

te abrazaré,

y juntos,

lloraremos a carcajadas

el sueño que el día nos hace padecer.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

Por mí... contigo

En medio de esta euforia,

estoy volando con mis alas,

corriendo con mis piernas

hablando con mi voz,

observando desde mis ojos

cantando hasta mi sed.

Cuando soy presa del dolor,

me desplomo sobre mis rodillas,

lloro con mis lágrimas

me seco con mis mangas,

y aún así,

me endereza mi espalda.

Y en mi continuo seguir,

clamo en mi oración

lucho con mi vida,

descanso con mi fuerza,

pienso con mi mente

amo con este corazón

construyo con mis manos

escarbo con mis uñas...

Como vez,

todos mis pasos

son producto de mi alimento,

pero aún así

te quiero cerca

para cenar junto a ti.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

Sofisma

El polvo obnubila mi vista,

no me deja ver como matan a los de cuadros

ni la forma en que laceran sus cuerpos ...

pero lo se.

Los cantos y risas arremeten mis oídos,

no me dejan oír los gritos agónicos que desgarran las gargantas del sendero...

eso también lo se.

El cálido abrigo que calienta mi cuerpo

no me deja sentir el frío quemando la piel de los huesos.

La ingenuidad me convence,

y me oculta quienes extinguen nuestras mieles,

no los conozco;

pero transmutan a su antojo el panal...

eso lo se.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

Hoy

Hoy

es un día de cielo nublado,

niños sin risa,

pájaros mudos

un sol apagado.

Hoy

es un día de suelo húmedo,

hombres con odio,

mujeres sin alma,

un día lleno de miedo,

tan cobarde

tan cobarde

que no mostró su alba.

Hoy

hay un amante olvidado,

esperando que el tiempo

(enemigo sin cuerpo)

traiga el regalo acordado.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

¿Quién quiere ser ella?

¿Quién será mi amante?

Aquella,

que pondrá costra a mis heridas,

escogerá mis uvas,

la que no me dejará en paz.

¿Quién me obligará,

A dormir inmerso en su belleza?

¿a quién

llevaré el desayuno en las mañanas?

¿Quién querrá ser princesa?

Rescatada

y cargada hasta su ventana.

¿Quién quisiera esperarme

durante unas lunas?

Servirme el té,

nombrarme

héroe

o caballero,

por haber vencido a los dragones

dibujados en la pared.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya