Pequeño hijo mío
algún día tendrás que partir,
aunque ninguno lo quiera
sucederá.
Entonces
rómpeme los ojos en pedazos;
mas no los arregles
déjamelos así rotitos.
Encontrarás a la mujer que amas
y si haz aprendido bien
necesitarás donde guardar tanto amor;
así que róbame el corazón con gran sigilo;
pero déjame sentirlo a tu ladito.
Y el día
que quieras volver a ser un niño
apriétame entre sueños con tus brazos,
yo he de besarlos
y ponerlos calientitos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario