Eres café,
fuerte,
amarga,
oscura,
exquisita ,
dañina,
noctámbula.
Yo soy miel,
sereno,
claro,
empalagoso,
benigno,
dormilón.
Bueno,
la verdad
es que tu eres más miel que café
y yo soy más café que miel.
De ahí,
que existan días
en los que tus sentimientos y palabras
sean una ajena jeringonza,
me dan ganas...
de meterte en una bolsa
con todos los tormentos,
salir corriendo...
no volver después.
Unas veces,
quisiera probar otra miel,
una menos dulce,
o una que no tenga café.
Tanto así,
que he desaparecido con aliento...
regresado con desganas.
Lamento hacerlo;
sólo entiende,
también soy café.
Como soy miel,
no quiero dejar de probarte,
sentirte,
y puedes estar segura,
que en ocasiones te entiendo
y quiero cargar el peso de tu dolor.
También es bueno que sepas
que aunque sea café
me hez imposible engañarte,
pues,
cuando soy café,
más me llenas de miel.
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