domingo, 24 de enero de 2010

Distopía de dos amores solos

Entre tanto frío que hace,

hay gotas de lluvia que le dan forma a la pequeña tempestad.

Yo, camino descalzo sobre las lozas manchadas de la cocina húmeda.

A su vez

en otra casa, otra persona con otro sexo,

rompe la armonía de las notas lluviales.

Acurrucada y con lagrimales de dolor,

toca su cuerpo,

examina su mente,

repasa su conciencia,

busca su alma,

y en cada rincón aparece la misma sombra agresiva que ataca con eterna parsimonia.

-El pasado ya murió-

se levanta y lo vuelve a pensar.

-Los muertos duelen mucho-.

Deja caer su espalda contra un muro.

-Dolerían menos si quisiera perdonarlos-.

Yo,

arranco las hojas de ese cuaderno viejo y pretendo escuchar.

Ella,

camina hacia la ventana,

yo,

hago lo mismo.

Piensa que la lluvia es triste;

yo creo que está furiosa.

Ella,

saca una hoja con membrete y pretende hablar.

-El pasado murió-.

Toco el vidrio.

-Los muertos no me importan-.

Desboso una sonrisa .

-Ya están perdonados-.

-Quiere volar-.

Hice una pajarita de papel.

-Quiere volar-.

Hizo un avión de papel.

Ella,

olvida el rincón y ocupa la cama.

Yo,

seco la cocina y limpio las manchas.

Al final...

escampa.

Jonathan Andrés Sandoval Amaya

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